Capítulo 8: Reina

Paula terminó el día siguiendo las instrucciones de Lulú al pie de la letra, y al despertar el jueves por la mañana encontró en su mesita de luz el papel donde había anotado lo que el hada le había pedido.

Se dio cuenta de que se había despertado una hora antes de lo marcado en la alarma, pero en vez de intentar seguir durmiendo decidió aprovechar esa hora mágica y silenciosa para leer una vez más lo que había escrito. Sigilosamente se dirigió a la cocina, se preparó una taza de té verde, y comenzó a leer:

“Lo que no me gusta de mi realidad:

1) Obligaciones: Siento que TENGO que hacer las cosas, quiera o no. TENGO que trabajar en cierto horario que me imponen, y estar en cierto lugar que me imponen. TENGO que llevar y traer los a chicos a la escuela. TENGO que ocuparme de la casa.

2) Apuro: Siento que no me alcanza el tiempo, que llego tarde a todos lados. Por ejemplo por las mañanas, alistando a mis hijos para ir al colegio, nunca salimos de casa a tiempo, siempre estamos corriendo. Y por las tardes, no me alcanza el tiempo para dejar todo listo en la oficina; y cuando finalmente salgo, salgo corriendo.

3) Estrés: Siento mucha ansiedad, me exaspero. Por ejemplo cuando mis hijos tardan en arreglarse por las mañanas, o cuando estoy atascada en el embotellamiento.

4) Los demás condicionan mi agenda: Ver punto 1) Obligaciones.

5) No estoy dedicando ni tiempo ni atención a mis propias necesidades y deseos: Debido a 1) Obligaciones y 2) Apuro, desde que me levanto hasta que me voy a dormir me la paso haciendo cosas para otros (la empresa para la que trabajo, mi familia) y caigo rendida por la noche sin haber hecho nada para mí. La tele y el chocolate son mis únicos gustitos, y me hacen sentir peor que antes”

“Francamente deprimente.”, pensó Paula de lo que había escrito, “¿Cómo he podido dejarme llevar hasta este punto? Cuando fantaseaba con formar una familia y tener un buen trabajo, jamás imaginé que sentiría esto. Me entristece, y también me da mucha bronca”, y estaba a punto de romper a llorar cuando las ya familiares estrellitas azules se materializaron a su lado.

“El enojo y la depresión no son un buen punto de partida, Paulita”, susurró el hada a su lado. “Empieza por la aceptación. Tu vida es como es. Este cuerpo, esta casa, este trabajo, estas obligaciones, son el resultado de lo que has decidido, lo que has escogido, lo que has hecho o dejado de hacer. No lo odies: acéptalo, acepta tu responsabilidad. Porque eres responsable de esto mismo de lo que te estás quejando”.

“¿Ahora encima es culpa mía?”, y Paula no pudo controlarse más y rompió a llorar.

“Yo no dije que fueras culpable”, respondió el hada, “Dije que eres Responsable. ¿Y sabes de dónde viene la palabra Responsabilidad? De Habilidad de dar una Respuesta. ¡Tú eres capaz de dar una respuesta a esta situación! Es hora de que actives el Fabupoder de la Reina. Una Reina tiene autoridad y responsabilidad”

“Y autoridad, quiere decir que soy la autora”, comentó Paula.

“Exactamente, Paula. Eres la Reina de tu propia vida. Eres la autora de tu propio destino, y eres responsable por los resultados que has obtenido en tu vida. Todo lo que ves alrededor, Paulita, es el fruto de tus decisiones, tus elecciones, tus acciones. Si lo que ves no es de tu agrado, tendrás que ser más consciente de las elecciones, acciones, decisiones que tomas de ahora en más”

“Decir que soy la autora, o decir que soy responsable, me suena todo igual, Lulú”, sollozó Paula. “Me suena a que todo lo que no me gusta de mi vida es mi propia culpa”.

“Paula, estamos activando tu Fabupoder de Reina, deja de actuar como una víctima”, la interrumpió Lulú enojada. “Sécate esas lágrimas, respira hondo, y siéntate derecha. Quiero empezar a ver una actitud majestuosa. Eres una Reina, y una Reina no culpa. Culpar es una actitud de víctima, es una actitud pasiva e inútil. Si culpas a otros, nada cambia. Si te culpas a ti misma, nada cambia. Culpar o culparse es una pérdida de tiempo y no resuelve nada”.

“Bueno, está bien, Lulú. Dejo de culparme. Y entonces, ¿qué hago?”

“Los resultados que ves en tu vida son los frutos obtenidos de tus acciones pasadas. Si quieres algo que nunca tuviste, tendrás que hacer las cosas de una manera que nunca las hiciste. Si no te gustan los frutos que ves, y quieres obtener otro fruto… ¡planta una semilla diferente! Piensa de manera diferente, y actúa de manera diferente para obtener un resultado diferente”.

“¿Pero cómo?”, preguntó Paula.

“El Fabupoder de la Reina se cultiva encontrando soluciones, Paula. Has escrito lo que no te gusta de tu vida. ¿Eres capaz de re-escribirlo, expresando lo que Sí quieres?”, la desafió Lulú.

“Lo intentaré, Lulú”, respondió Paula.

Y comenzó a escribir en un nuevo papel:

“Lo que Sí quiero en mi realidad:

1) Libertad: Sentir que hago las cosas porque yo quiero. Ser capaz de trabajar en el horario que yo quiera, y en el lugar que yo quiera. Llevar y traer a los chicos a la escuela cuando yo quiera. Ocuparme de las cosas de la casa que yo quiera hacer.

2) Tiempo suficiente: Quiero sentir que tengo tiempo suficiente, llegar a tiempo, o un poco más temprano de lo necesario, a donde quiera que vaya. Por ejemplo por las mañanas, alistando a mis hijos para ir al colegio, tener tiempo suficiente para salir de casa sin correr ni apurarnos. Y por las tardes, terminar de trabajar sintiendo que puedo dejar cosas para terminar al día siguiente.

3) Calma: Quiero sentirme relajada y en calma. Por ejemplo cuando mis hijos tardan en arreglarse por las mañanas, o cuando estoy atascada en el embotellamiento, quiero tranquilizar mi mente y mis emociones.

4) Quiero ser dueña de mi propia agenda: Ver punto 1) Libertad. Quiero sentir que tengo libertad para escoger cómo organizo mis actividades.

5) Atención a mis propias necesidades y deseos: Quiero conectar con mis propias necesidades y deseos, quiero descubrir qué tipo de actividades me cargan las pilas y me hacen sentir con renovadas energías, calma y relajada. Quiero invertir tiempo y dinero en este tipo de actividades. Quiero cultivar el Fabupoder de la Diva.”

“Muy bien, Paula. ¡Excelente! Es de Reina ser capaz de expresar lo que quieres. Como te decía, el Fabupoder de la Reina se cultiva encontrando soluciones. Y atención, que no digo “buscando” soluciones, porque buscar soluciones es una trampa de la bruja Pachorra, sobre todo desde que se inventó Google, te puedes pasar horas y horas en la inercia de “buscar” soluciones. “Encontrar” soluciones implica actuar. Implica probar, implementar, para conseguir un resultado. Evalúas si el resultado es lo que esperabas o no. Si sí, ¡misión cumplida! Si no, encuentras una nueva solución. Y una Reina no gobierna sola, Paulita. Hay mujeres cuyos dones y talentos son ayudarte a encontrar soluciones. Permítete contratar servicios y consultoría, ya verás como ves resultados más rápidamente que si intentas reinventar la rueda por ti misma”

“Es interesante lo que dices, Lulú, pero no siempre se puede. Así, leyendo a simple vista, se me ocurre que podría aprender a meditar para sentirme relajada y en calma en situaciones que normalmente me disparan, como es la lentitud de mis hijos para arreglarse, o el embotellamiento. En este caso, es cierto, se me ocurre cómo encontrar una solución. Pero en lo de trabajar en el horario que yo quiera, y el lugar que yo quiera… eso no depende de mí, eso no puedo”, dijo Paula sacudiendo la cabeza.

“Ay Paulita, una Reina no se siente ni se comporta como una víctima. No solamente echar culpas es de víctima, también decir “no puedo” es una actitud de víctima. Es esperar que algo o alguien te cambie las circunstancias. Decir “no puedo” no es de Reina. Es de Reina decir “elijo”. ¿Recuerdas cuando te pregunté si estabas pensando cambiar de trabajo y me respondiste que no, porque llevabas 10 años en esta empresa y estabas cómoda?, entonces en vez de decir “no puedo”, di “elijo seguir trabajando en estas condiciones porque estoy cómoda”.

Es tu propia decisión inclinarte por lo que deseas (libertad) o escapar a lo que temes (la incertidumbre de trabajar por tu cuenta). En este caso, tienes que escoger entre dos valores: libertad o comodidad. Si realmente quieres la libertad de trabajar a la hora que quieras y dónde quieras, puedes intentar negociarlo con tu jefe. El “no” ya lo tienes, ¿qué puedes perder? Tal vez consigas trabajar remotamente, y con una conexión a internet, puedes estar dónde quieras. Y si no lo consigues, pero tu deseo de libertad es lo suficientemente grande, entonces puedes encontrar la solución en la forma de otro trabajo” explicó Lulú. “Las mujeres han adoptado esa imagen de que no son buenas negociantes. Sólo toman lo que se les da, aceptando migajas sin cuestionar o pedir demasiado. ¡Vamos Paula! Reconoce tu valor y pide lo que mereces.

Para cultivar el Fabupoder de la Reina, piensa en dónde en tu vida estás creyendo que otras personas o ciertas circunstancias te están limitando, te están impidiendo algo que quieres conseguir. ¡Es de Reina ser capaz de cambiar esa creencia! Tienes poder sobre tus pensamientos y tus creencias. Remueve el bloqueo, limpia tu camino para obtener lo que quieras. Cambia el “no puedo” por el “elijo”, para darte cuenta de que siempre tienes la posibilidad de decidir, y de actuar de manera diferente.

Vamos Paula, ¡no me mires así! Una Reina tiene confianza en sí misma. ¡Eres una Reina, caramba! ¿Cómo no vas a tener una gran autoestima? Eres maravillosa y todos te adoran. Eres bella, inteligente, tienes un gran corazón. ¡Arriba ese ánimo! Y a propósito, ¿qué es eso de mirarte al espejo todo el tiempo buscándote los defectos? El espejo no va a hablarte como a la madrastra de Blancanieves. ¡Afortunadamente! Considerando lo que pasó cuando el espejo mágico le dijo a esa reina de pacotilla que ya no era la más bella”, rió Lulú, “para eso es mejor que el espejo se quede calladito. Y ese es un mal ejemplo de reina, esa madrastra era una loca pirada. ¡Tú no eres esa clase de Reina! El espejo te devolverá lo que tú decidas ver. En vez de buscarte los defectos, vas a mirarte a los ojos y decretar “Soy una Reina bella, valiente y valiosa. Soy una Reina perfecta tal como soy”. Quiero que repitas esto cada vez que pases por un espejo, apúntalo, es importante para cultivar el Fabupoder de la Reina.

Una Reina está destinada a la grandeza. Tú tienes un destino maravilloso, Paulita. La mayoría de las mujeres tienen un destino maravilloso, sólo si fueran capaces de darse cuenta y aceptarlo. Cuando te comprometas a esta creencia, se proyectará hacia fuera. Tus acciones se verán afectadas, la manera en la que la gente te ve se verá afectada, la manera en la que te ves a tí misma se verá afectada. Si te crees capaz de un destino de grandeza, apostarás a la grandeza. Y si no te crees capaz, no lo harás, es tan simple como eso. Si no aspiras a lo mejor, no sabrás de lo que eres capaz o lo que habrías podido tener. Y una Reina merece lo mejor.

Una Reina no se achica. No le temas a tu propio poder, Paula, no le temas a tus posibilidades. Enséñales a otros a brillar siguiendo tu ejemplo, y no apagando tu propia luz. Hazte ver, hazte oir, no pidas disculpas por ser auténtica. Deja que tu autenticidad brille. Esto no significa ser orgullosa ni pedante. Si actúas con buenas intenciones, honestidad y compasión, nadie tiene por qué tomarlo a mal.

Otro punto importantísimo: pide lo que necesites. No seas tímida, Paula. Si tus demandas son justas y tienen sentido, si las presentas de manera diplomática pero firme, no tienes nada que perder. Como te decía antes, el “no” ya lo tienes. Si crees que te ayudaría que tu esposo lleve a los niños a la escuela, pídeselo. Si necesitas que los niños sean más eficientes por la mañanas, pídelo. Si te gustaría trabajar remotamente, pídelo a tu jefe”.

“¿Y si me dicen que no?”, preguntó Paula haciendo pucheros.

“Paula, ¿de qué tienes miedo? ¿Lo tomarías como un fallo o fracaso personal? Una Reina no debería tener miedo de fallar. Porque si fallas, estás simplemente perfeccionando tu estrategia, estás mejorando. En estos ejemplos, si alguien te dice que no, habrás aprendido que o la tuya no fue la mejor forma de preguntar, o que el argumento no fue el adecuado, o que la persona a la que te has dirigido no es la persona que tiene la solución. Has descubierto una forma que NO funciona, sigue intentando. Cuanto más falles, más cosas habrás hecho y cuantas más cosas hagas, mejor te volverás. Cuanto más falles, más aprenderás lo que NO hay que hacer”.

“Comprendo. Parece que esto de actuar como Reina implica ser menos tímida y no tomarse las cosas de manera personal”, comentó Paula.

“Sí, el coraje, la autoconfianza, y la firmeza de carácter son cualidades de Reina. Y la autoestima, Paula… Una Reina no pierde el tiempo criticándose ni buscándose defectos. Una Reina no se esconde, interactúa con mucha gente y es vista por mucha gente. Una Reina no pierde el tiempo autocriticando su cabello, sus arrugas, sus kilos de más. Una Reina acepta que es humana y tiene defectos. Que a veces cometerá errores o dirá alguna estupidez, ¡pero no por eso dejará de hablar o actuar! Una Reina no se tortura pensando en lo que debería haber dicho o hecho: el pasado es el pasado. No te horrorices de tus errores, úsalos para volverte más humilde. No te quejes de tus defectos, acéptate como eres, acepta tus debilidades y celebra tus imperfecciones. Esta actitud te hará más fácil aceptar las debilidades e imperfecciones de los demás.

Y algo más, Paula, relacionado con pedir lo que necesitas: una Reina pone límites. Una Reina sabe cuándo decir que SI y cuándo decir que NO. ¿Recuerdas cuando Jaime te pidió que investigaras esas facturas incorrectas, y que lo hicieras de manera confidencial? ¿Qué sentiste?”, preguntó el hada.

“Me dio bronca, Lulú. Estaba dispuesta a dar una mano pero habría sido todo mucho más fácil, y rápido, si hubiera podido pedir ayuda a otros colegas”.

“Sin embargo aceptaste hacerlo, aceptaste la prohibición de pedir ayuda, cuando sabías que te iba a ser mucho más difícil hacerlo sola. Tal vez aceptaste por temor a que pensaran mal de ti, que no cooperas. ¡Es típico de las mujeres querer caerle bien a todo el mundo! O tal vez aceptaste un poco por orgullo, pensando que nadie podía resolverlo mejor que tú que tardarías más tiempo explicando a los demás el problema, que directamente resolviéndolo tú misma. Pero al final, las razones no importan, lo importante es que dijiste que Sí. Y estás resentida porque dices demasiadas veces que Sí a las demandas de los demás, y luego sientes que no te queda nada para ti.

A las mujeres no les resulta natural decir “no”. Es una práctica, Paula. Es muy incómodo al principio, pero luego mejoras y te resulta más fácil. No te estoy sugiriendo que vayas por la vida diciendo “no” a todo. Cuando te pidan algo, actúa con prudencia de Reina. Primero les dices “déjame pensarlo y te respondo más tarde”. Te dará más tiempo para considerar cuidadosamente el pedido que te hacen. Mira tu agenda, piensa si realmente tienes el tiempo, si eres la persona ideal para hacerlo, y si realmente te apetece hacerlo. Luego los llamas y les das tu respuesta sincera y sentida. Ya sea un “Sí” o un “No”, serás honesta. Las relaciones con los demás no se dan bien si hay resentimiento de por medio. Al final una Reina aprende que haciendo lo que es mejor para ti, terminas haciendo lo que es mejor para todos.

Una Reina no es una mártir, Paula. No tienes que recargarte sintiendo que lo tienes que hacer todo tú sola. Una Reina crea oportunidades para que los demás se vuelvan autosuficientes, sin agregar todo lo que hay que hacer a su propia lista de tareas. Una Reina no siente la obligación de arreglar y resolver cada deseo de los demás, porque su propio tiempo, energía y salud son valiosos. Una Reina pone límites. Esto es muy importante, Paula, debes imponer ciertos límites para proteger tu tiempo y energía. Por ejemplo con tu marido, tus hijos, y los miembros del equipo, ¿has pensado en cómo puedes delegar más y recargarte menos?”

“Lo he pensado bastante en lo que respecta al trabajo, pero me doy cuenta de que no lo suficiente. Está claro que cuando Jaime me pidió que investigara lo de las facturas tendría que haberle dicho que necesitaba ayuda, que era demasiado trabajo para mí sola. Es cierto, tengo tendencia a querer hacerlo todo, ¡no sé qué quiero demostrar ni a quién! Y en cuanto a mi marido e hijos… decididamente tengo muchas oportunidades de mejorar enseñándoles a que se valgan por sí mismos, los he malacostumbrado demasiado”.

“Así me gusta, Paula”, asintió Lulú. “Una Reina no corre de aquí para allí todo el día. Una Reina no devora comida chatarra en el escritorio frente al ordenador. Una Reina no pierde la compostura, ni se muestra ansiosa o estresada. Una Reina se comporta como una Reina. Tu vida Paula, se ha vuelto demasiado ocupada. Demasiado para hacer, corriendo todo el día, se te hace muy difícil y cuesta arriba seguir tu ritmo actual.

Bueno Paula, creo que ya estás comprendiendo lo que significa el Fabupoder de la Reina. Dime, ¿qué sientes cuando dices ´Me siento como una Reina´?” preguntó el hada.

“Déjame pensar… Abundancia. Libertad. Habilidad para actuar de manera… serena y majestuosa. ¡Pensar en sentirme como una Reina le está haciendo bien a mi autoestima! ¡Poderosa, respetada, adorada!”, respondió Paula entusiasmada.

“Sentirte como una Reina es una elección, Paula. Nadie tiene poder sobre cómo te sientes. Sólo tú. Tienes poder de sentirte como te dé la gana”, aseguró Lulú. “Todo lo que haces viene de una elección. Si te quieres sentir poderosa, majestuosa, respetada, celebrada, entonces tienes que decidir ser valiente, hacerte ver, mostrarte fuerte y amorosa.

Cuando una Reina se presenta en un evento, o en una reunión, está completamente presente, ¡es una profesional! Una Reina no se divide en múltiples tareas a la vez, hablando por teléfono mientras prepara el desayuno y le cuenta un cuento a sus hijos. Si estás cocinando, Paula, imagina que eres una cocinera profesional, y enfócate. Si estás con tus hijos conversando, jugando, o contándoles un cuento, compórtate como una “madre profesional”, y enfócate en ellos, obséquiales tu presencia. Es mejor hacer menos cada día, pero hacerlo con foco, amor y atención. ¡Compórtate como una profesional en todo lo que hagas!”, aconsejó el hada.

“¡Me parece muy bien! Cuando esté atascada en el embotellamiento, me comportaré como una conductora profesional. ¡Taxista o camionera!”, bromeó Paula.

“Paula se ve que te molesta muchísimo el tema del embotellamiento, encuentra soluciones por favor. Plantéalo en tu trabajo y plantéaselo a tu marido: ¿y si se turnan para llevar o buscar a los niños al colegio, de manera que puedas ir mucho más temprano a veces, volver mucho más tarde otras, y así ahorrarte el horario pico del tránsito? O puedes contratar a alguien para que los lleve o busque. Es de Reina encontrar soluciones, Paula. Si realmente quieres, puedes conseguirlo”, aseguró Lulú.

“Es interesante lo que dices, me dejas pensando. Se pueden hacer las cosas de otra manera, distinto de cómo lo hago y cómo lo hacen todas las mujeres que conozco. Pero honestamente… no sé si me atrevo. Ya sé que esto no es muy “de Reina”, pero imagino lo que podrían decir mis primas, mis amigas, mi suegra y hasta mi propia madre, si empiezo a hacer cambios que me hagan la vida más fácil. Recargar de tareas a mi marido, o gastar dinero contratando servicios extra… es muy tentador, pero… me temo que me criticarán”.

“Mira, Paula, ser Fabupoderosa no es llevar una vida común y corriente. Deberás cultivar a consciencia tus Fabupoderes para que te importen más tus valores, tu brújula interior, que las posibles opiniones y envidias ajenas. Una Reina no sigue a la manada. Cuando luces la corona, la manada te sigue a ti. Ser una Reina significa liderar. Significa tomar decisiones que nadie más se atreve a tomar. Significa conectar con la sabiduría interna para guiarte. También significa sentir miedo, y hacerlo de todos modos. Lidera dando el ejemplo. Arriésgate, especialmente en esos casos del tipo “nadie lo ha hecho así antes”. Si tu intuición te lleva a tomar una acción, si eres capaz de tomar el riesgo y asumir las pérdidas en caso que algo salga mal, que no te importen las posibles críticas. Si sientes que estás en lo correcto, mantente en tu posición de poder, toma la responsabilidad y hazte cargo de las consecuencias.

¿Te atreves a activar el Fabupoder de la Reina, o suspendemos la misión?”, preguntó Lulú seriamente.

“¡Me atrevo!” respondió Paula juntando coraje. Y apenas dijo eso, otra vez bellas letras azules cursivas se materializaron delante de sus ojos, y Paula comenzó a leer:

“Yo, Paula María Isabel Usón, me comprometo a cultivar el Fabupoder de la Reina.

Comprendo que no soy una víctima ni una mártir. Soy responsable por los resultados que obtengo en mi vida. Soy capaz de crear mi vida y el nivel de éxito que me proponga conseguir.

Por eso me comprometo a prestar atención a lo que digo y lo que pienso. La expresión “no puedo” indica que estoy renunciando a mi poder. Me comprometo a cambiar “no puedo” por “elijo”.

Me comprometo a dejar de esperar que las condiciones externas cambien, y a crear yo misma las condiciones que necesito.

Comprendo que soy capaz de cambiar mi vida de acuerdo a mis necesidades y deseos.

Por eso me comprometo a encontrar soluciones para mis problemas, no solamente investigando, aprendiendo y contratando ayuda de expertos, sino por sobre todo actuando, implementando y probando. Solamente llevando las ideas a la práctica es que se encuentran soluciones.

Mi intención de Reina es crear una vida de riquezas para mí misma y para los demás. Cultivando el Fabupoder de la Reina, me convierto en una líder con influencia positiva, y merezco obtener el éxito en todo lo que me proponga. Me comprometo a tomar cada fracaso como una lección, y seguir adelante.

Soy una Reina y sé lo que valgo, sé que tengo la capacidad para ganar en todas las áreas de mi vida, y sé que lo merezco. Las cosas buenas de la vida son mi derecho de nacimiento. También sé que tengo que trabajar y tomar acción. Solamente llevando las ideas a la práctica es que consigo los resultados que deseo.

Me comprometo a cultivar los hábitos de estrategia, organización, optimización. A encontrar soluciones para conseguir resultados en menos tiempo y con menos esfuerzo.

Me comprometo a estar presente dando mi atención y mi foco a lo que estoy haciendo en el momento.

Me comprometo a construir el futuro de mis sueños, a construir relaciones sólidas y a criar personitas felices.

Me comprometo a descubrir y definir mis propios valores, lo que es más importante para mí. Me comprometo a poner límites, a saber cuándo decir que Sí y cuándo decir que No, para poder dedicar tiempo y atención a lo que considero ser realmente lo más importante.

Me comprometo a sentirme como una Reina, porque tengo el poder de sentirme como me da la gana.

Me comprometo a comportarme como una Reina, a tomar tiempo para pensar antes de reaccionar, a hacer las cosas sin prisa y con calma, a responder con aplomo y serenidad.

Que así sea, porque cultivar el Fabupoder de la Reina me permite ser la autora de mi propio destino.”

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