Capítulo 7: Un rato de vacaciones

Paula amaneció el miércoles con un leve dolor de cabeza, y una intensa sensación de culpa.

“¿Por qué será que empiezo algo, me engancho, y no puedo terminar, aunque sepa que me está haciendo mal?” se preguntó pensativa. “Ya sea resolviendo un enigma del trabajo, o comiendo una tableta de chocolate, siento una compulsión irresistible que me impide dejar lo que estoy haciendo. Lulú dice que la bruja Pachorra me tiene atrapada en sus garras, y a mí no me gusta que me atrape nadie. ¡Quiero liberarme!”, pensó muy decidida al levantarse de la cama para empezar su día.

Pero a pesar de la intención de cambio y liberación de Paula, la rutina matutina de la familia siguió sin embargo el frustrante patrón de cada día: detrás de los niños apurándolos, vistiéndose con lo primero que encontró en el armario, maquillándose en un minuto, sin darse el tiempo para sentarse a tomar su café, Paula fue repitiendo su eterno mantra “Vamos que se hace tarde” hasta depositar a sus hijos en la puerta de la escuela. Llegó inevitablemente tarde a la oficina a causa del diario embotellamiento de tránsito.

Paula tuvo que enfrentarse durante la mañana a todos los problemas que se habían acumulado el día anterior, cuando se había dedicado exclusivamente a la obsesión por descubrir el misterio de las facturas con el total incorrecto, y recién al mediodía terminó de responder los emails, devolver las llamadas y recibir a los miembros de su equipo que no habían sido atendidos el día previo.

Se dio cuenta de que había llegado la hora de comer cuando sintió un punzada de hambre, y había comenzado a preguntarse qué le apetecía cuando le trajeron el correo y vio un sobre color crema de un papel que parecía muy grueso y muy caro, donde estaba escrito su nombre en tinta de color azul cobalto. Lo abrió intrigada, y encontró dentro una tarjeta impresa en sofisticado cartón del mismo color del sobre, donde de un lado había solamente una mariposa azul a rayas, y del otro una dirección que, de acuerdo a Googlemaps, quedaba no demasiado lejos de la oficina.

“Esto parece una invitación de Lulu”, pensó Paula entusiasmada, y recogiendo su bolso y su abrigo salió de su oficina. En la recepción la interceptó Jaime, el director de la empresa.

“Paula, queria agradecerte por tu ayuda ayer, encontraste la causa del problema y lo resolviste completamente. Javier y yo te estamos muy agradecidos, en nombre nuestro y también en nombre de nuestros clientes”.

“Gracias Jaime, aprecio que lo mencione. Me costó un poco pero finalmente pude resolver el enigma”, respondió Paula resistiendo la tentación de mencionar que la culpa había sido de ‘empleados nuevos que no conocían las prácticas usuales de la empresa’, semejante comentario habría apuntado demasiado obviamente al nuevo gerente, que parecía ser amigo, o protegido, de Jaime.

“Paula, quiero que sepas que he conversado con Javier sobre el hecho de que esas facturas, las que presentaron el problema, no habían sido procesadas de la manera estándar. El ha tomado la responsabilidad por haber autorizado que los descuentos se aplicaran de la manera incorrecta, y se ha disculpado”

“Pero no conmigo”, pensó Paula.

“Tambien he notado que trabajaste hasta tarde” continuó Jaime, “tu email con las facturas reimpresas fue enviado casi a medianoche. Quiero que por favor te tomes la tarde libre, para recuperarte del esfuerzo de ayer”.

“Muchas gracias, Jaime, es usted muy amable”, y Paula se despidió muy rápidamente, antes de que Jaime se arrepintiera de su inusual cortesía.

Al salir del edificio, Paula se encontró con que el brillante sol del mediodía no le molestaba, porque el calor agobiante del verano se había convertido en agradable tibieza otoñal, y decidió caminar hasta la dirección provista en la tarjeta.

Al llegar se encontró con una puerta de pesado vidrio oscuro, que estaba cerrada. No había timbre, y Paula no sabía cómo hacer para anunciarse, hasta que notó un cuadrado de vidrio que resultó ser un scanner, porque al ponerle enfrente la mariposa rayada de la invitación, una luz roja la leyó como el código de barras que era, y la puerta se abrió como por arte de magia.

Paula entró en un salón muy amplio, elegante y luminoso, cuya pared posterior había sido reemplazada por un vidrio que daba a un bello y verde jardín. Mirando a su alrededor observó que había unas pocas mesas de vidrio con pie de hierro negro, con sillas de cuero también negro.

Desde un rincón del salón, sentada al lado de la pared vidriada, la saludó Lulú. Con una amplia sonrisa, Paula se dirigió hacia la mesa donde el hada la esperaba.

“Bienvenida, Paula”, la saludó el hada.

“Gracias Lulú, gracias por regalarme otra experiencia mágica”, respondió Paula, fascinada por la elegante sencillez del salón.

El hada rió con su típica carcajada que sonaba como cascabeles de plata.

“Este lugar no es mágico, es un restaurante privado. La chef es una mujer muy especial. Quiero mostrarte lo que se puede conseguir con los Fabupoderes”, explicó el hada. “La única magia que usé hoy, fue para plantar en la mente de Jaime la idea de que te diera la tarde libre. Y me costó… ¡qué cabeza dura tiene ese hombre!”

Mientras Paula y Lulú reían, se acercó a la mesa una bellísima mujer de piel color chocolate con leche, perfectamente maquillada con labios de intenso color rojo, ojos oscuros enmarcados por impresionantes pestañas, y vestida con delantal blanquísimo de chef.

“Hola Paula, soy Lisette”, la saludó con melodioso acento caribeño. “Bienvenida a Metamorfosis, mi restaurante a puertas cerradas”.

“Me encanta tu restaurante, el ambiente es armonioso y sereno, consigue que los comensales nos sintamos aquí muy a gusto. Yo me he sentido inmediatamente cómoda y relajada”, comentó Paula.

“Es exactamente lo que tenía en mente cuando diseñé el espacio. Quiero que mis invitados, porque los clientes aquí sólo llegan con invitación, se sientan cómodos y salgan renovados, como si se hubieran ido de vacaciones”, explicó Lisette. “En cuanto a ti… te tengo una sorpresa muy especial. Quiero que sientas que te has tomado vacaciones por un rato. Te invito a un viaje de sabores latinoamericanos, y como no podría ser de otra manera, el postre tiene al cacao como ingrediente protagonista. Me ha dicho Lulú que te gusta mucho el chocolate”.

“¿Conoces a Lulú?” preguntó Paula sorprendida. “Ah, claro que sí se conocen. La mariposa azul para entrar me ha dado una pista”, se dio cuenta Paula mirando al hada sonreir.

“Ya verás, Paula.” dijo Lisette. “Tú también dejarás tu marca en este mundo y escogerás una mariposa azul como logo. Lo hacemos para agradecer a Lulú, pero también para reconocernos unas a otras. Somos las Fabupoderosas. Solas, somos capaces de manifestar milagros; pero cuando nos unimos… ¡juntas somos dinamita!”, rió Lisette.

Paula miró a Lulu intrigada. “¿Dejar mi marca en el mundo? ¿Una logia de Fabupoderosas?” se estaba preguntando Paula mientras dos camareros se acercaron silenciosamente con bandejas. En una traían tres vasitos, y en la otra una serie de platitos muy coloridos.

“Tequila para abrir el apetito” explicó Lisette. “100% agave azul tequilana weber. Se degusta lentamente de a sorbitos. ¡Salud!” y brindaron las tres.

“Como amuse bouche les obsequio mini ceviche, mini arepas, y mini tacos al pastor. ¡Bon appetit! Las veo luego”, se despidió Lisette dejando a Lulú y Paula disfrutando de los bocaditos.

“No eres la primera, Paula” explicó Lulu. “Otras mujeres han activado sus Fabupoderes, y han comenzado a dejar su marca en el mundo. Cada mujer viene a esta vida con sus propios dones y talentos: lo que sabe hacer muy bien, y le resulta naturalmente fácil. También viene con sus propios deseos y preferencias: lo que le gusta hacer, lo que disfruta. Y luego está lo que la gente necesita, y está dispuesta a pagar. La magia ocurre cuando los tres coinciden. Por ejemplo, Lisette desde pequeña ha tenido talento para cocinar, ha aprendido recetas tradicionales de la mano de su abuela. Luego al crecer se dio cuenta de que le apasiona viajar, descubrir nuevos sabores e inventar nuevas recetas. ¡Podría pasarse todo el día haciéndolo! Su cocina es como un laboratorio de experimentos deliciosos. Y a la gente le gusta comer bien, y ser bien atendida. A cierta gente le gustan tambien la exclusividad y el lujo. Les encanta que a Metamorfosis no puede venir cualquiera. Así Lisette ha descubierto su Tesoro: cómo ganarse la vida haciendo lo que sabe, lo que disfruta, y lo que la gente paga generosamente.”

“¿Cómo es eso de que a Metamorfosis no puede venir cualquiera?” preguntó Paula, entre mordiscos al ceviche.

“Es un restaurante privado”, respondió Lulu. “Tu primera visita tiene que ser como invitado, como yo te he invitado a ti. Así conoces el restaurante… y Lisette te conoce a ti. Si cumples con los requisitos, Lisette te invita a su club de comensales, y puedes hacer una reserva para venir a comer, y traer a tus propios invitados. Cada comensal es conocido directo o de Lisette o de otro comensal. Así se asegura una clientela de buena calidad, y, considerando el precio del menu, te aseguro que la agenda de Lisette tiene los datos de contacto de lo mejorcito de la sociedad local. Esto te será de utilidad cuando descubras tu propio Tesoro”

“¿Mi Tesoro?”, se preguntó Paula para sus adentros, pero fue interrumpida por la llegada del primer plato.

“Codorniz al achiote con mole de Oaxaca, tortilla de maíz morado y aguacate(*)”, presentó el camarero.

“¿Crees que yo también debería poner un restaurante? Me gusta mucho comer bien… ¿tal vez una chocolatería?” comentó Paula.

“Creo que, tal como hizo Lisette, primero deberás activar y cultivar los tres Fabupoderes. Ella no sabía al principio que éste era su Tesoro. Los Fabupoderes no solamente te permiten manifestar tus deseos y vivir de tu Tesoro, primero te ayudan a visualizar de manera nítida y cristalina cómo sería la vida de tus sueños. ¿Recuerdas cuando te pedí el lunes que describieras la vida de tus sueños y no supiste hacerlo?” preguntó Lulú.

“Claro que lo recuerdo”, respondió Paula, “Y aunque no sabría todavía describir en detalle la vida de mis sueños, después de todas las cosas maravillosas que me has hecho vivir… puedo decirte que en la vida de mis sueños hay buena comida y buen chocolate”.

“Entonces vamos por buen camino”, sonrió Lulú.

“Lo que no entiendo es cómo en mi vida no hay más de lo que tanto me gusta, y tal como pensaba esta mañana, tampoco comprendo cómo no puedo parar de hacer compulsivamente lo que me hace mal. Cómo no puedo resistir caer tan facilmente en las garras de Pachorra, como me dijiste anoche”, preguntó Paula.

“Tus preguntas indican que estás preparada para activar tu segundo Fabupoder, Paulita” dijo Lulú. “Es importante que empieces a pensar en los resultados que te gustaría obtener en tu vida”.

“¿Cómo es eso de los resultados de mi vida?” preguntó Paula.

“Todo lo que ves en tu vida: la casa en la que vives, tus kilos de más, el contenido de tu armario y de tu cuenta bancaria, el trabajo que haces para ganarte la vida, son los resultados que has obtenido hasta ahora. Los resultados de tus decisiones y tus acciones. Cada vez que tomas una decisión, eliminas un mundo de infinitas otras posibilidades. ¿Recuerdas cuando decidiste estudiar Administración de Empresas en vez de Biología, que también te gustaba? ¿Piensas alguna vez como habría sido tu vida si hubieras estudiado Biología?”

“Ay Lulú, jamás lo he pensado.” suspiró Paula. “Muy diferente, tal vez no habría conocido a mi marido, y no tendría a mis hijos. ¡No puedo imaginar una vida sin ellos!”

“Esa fue una decisión memorable, pero cada decisión que tomas, a cada momento, afecta tu futuro, y los resultados que obtienes en tu vida. Cada decisión, Paula, hasta las más instantáneas, esas que se toman en un segundo. Como parar para salir a comer o seguir trabajando como una posesa obsesionada. O decidir entre comprar chocolate ordinario en el supermercado, o encargar una caja de bombones gourmet”, explico Lulu.

En ese momento llegó el segundo plato.

“Bondiola de cerdo en café colombiano y Panela(*)”, anunció ceremoniosamente el camarero.

“¡Qué delicia!” comentó Paula. “Tan diferente de lo que como cada día, esta experiencia es realmente como irme de vacaciones por un rato”.

“Las vacaciones son una buena oportunidad para apartarse de la rutina diaria, y sacar conclusiones”, dijo el hada muy seria. “Las vacaciones son un tipo de Retiro. Un Retiro es apartarse, retirarse. Retirarte de tu vida cotidiana, para poder observarla desde la distancia. ¿Qué ves cuando piensas en tu realidad de todos los días?”.

“Obligaciones. Apuro. Estrés. Los demás condicionan mi agenda. No estoy dedicando ni tiempo ni atención a mis propias necesidades y deseos”, dijo Paula y se sorprendió de haber enunciado una conclusión tan rápida, clara y sincera.

“Muy bien, Paula, sigues por buen camino. ¿Dirías que te sientes una víctima de las circunstancias?”

“¡Sí, Lulú! Exactamente, estoy a merced de las circunstancias”

“¿Y quién tiene la culpa?”

“Principalmente mi trabajo, me obliga a dedicar demasiadas horas por día, las que estoy ahí y las de viaje de ida y vuelta. También mis hijos demandan mucho de mi tiempo y energía. Y mi marido, espera que además de trabajar a tiempo completo, me ocupe de todas las obligaciones de esposa, madre y ama de casa. ¡El muy caradura machista!” se enojó Paula.

“¿Y cómo se te ocurre que podrías cambiar estas circunstancias?”

“No puedo, Lulú. No puedo dejar de trabajar, no puedo cambiar a mis hijos ni a mi marido”, respondió Paula vencida y decepcionada.

“Paula, necesitamos urgententemente activar tu segundo Fabupoder, pero no es ahora el momento. Presta atención a lo que vas a hacer: cuando terminemos de comer, vas a irte a tu casa tranquilamente, más temprano que la hora pico para no sufrir embotellamientos. Vas a buscar a tus hijos a la escuela, cocinar algo que no requiera mucho de tu atención, por ejemplo poner un pollo al horno mientras revisas la tarea escolar y supervisas el baño. Vas a avisar a tu marido que van a cenar más temprano que de costumbre. Es importante que esta noche no veas televisión, y te retires a tu cuarto lo antes posible, ¿comprendido?”

“Sí, Lulú”, asintió Paula tomando notas mentalmente. “Hacer todo más temprano, no ver tele, retirarme a mi habitación”.

“Exactamente, Paula”, confirmó Lulu. “Es importante que estés sola en tu cuarto, esta noche hay fútbol así que tu marido estará entretenido. Dedica unos 15 minutos a acomodar tu dormitorio, porque un ambiente caótico no te deja pensar claramente. Crea un ambiente sereno que te haga sentir cómoda y calma: enciende una vela aromática, pon música relajante. Siéntate cómodamente y prepara una lista con ejemplos de situaciones diarias que sientes como obligaciones, que te causan apuro y estrés. Ejemplos de situaciones en las que sientes que los demás están condicionando tu agenda. Ejemplo de esas necesidades y deseos que dices no estarles dedicando ni tiempo ni atención. Es decir, ejemplos de todo lo que me dijiste que ves cuando piensas en tu realidad de todos los dias, ¿está claro?”

“Más o menos. Lo intentaré”, respondió Paula, notando que Lisette se estaba acercando junto con el camarero.

“Paula, vengo a despedirme. Espero que hayas disfrutado de tu rato de vacaciones. Esta comida es mi regalo para ti. Te deseo lo mejor en la nueva vida que inicias, y sé que nuestros caminos volverán a cruzarse”, dijo la chef.

“Muchas gracias”, respondió Paula emocionada, abrazando a Lisette.

“De nada, amiga. Y de postre, trufa de cacao ecuatoriano con sal marina y aceite de oliva(*)”

(*) Nota de la Autora: el menu ha sido inspirados por mi maravillosa experiencia culinaria en el restaurante I Latina de Buenos Aires

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