Capítulo 6: Esa Malvada Bruja

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Mientras los niños se vestían, Paula evaluaba el contenido de su armario. El mismo vestido de ayer no podía ponérselo otra vez, así que no le quedó otra opción que volver a su look de todos los días.

Escogió un pantalón marrón chocolate, decidiendo que a partir de ahora sería su color preferido. Lo combinó con un twin set color celeste bebé, y complementó con el collar de perlas que le había regalado su abuela y un par de zapatos de tacón “sensato”, es decir, bastante bajo.

“No parezco una diva”, pensó desilusionada. “Ayer me veía mucho mejor”, suspiró mirando de reojo el vestido que le había regalado el hada.

Tras aplicar su usual maquillaje minimalista-listo-en-tres-minutos, al llegar a la cocina encontró a su familia desayunando. Su marido se acercó a besarla con un plato de tostadas en la mano.

“Buenos días, bella”, la saludó “Hoy no me esperes a cenar, tengo una cita con clientes”. Y depositando en su mano el plato de tostadas recién hechas, se despidió de la familia y partió hacia su trabajo.

Llevar a los niños a la escuela aquella mañana no resultó ni mejor ni peor que lo usual, y llegaron justo a tiempo.

Paula se impacientó como era de costumbre en el embotellamiento matutino, y llegó a la oficina algunos minutos después de la hora oficial de entrada. No era una diferencia de tiempo demasiado importante, pero Paula se sintió molesta.

Se miró de reojo en el ascensor, y notó su expresión enfurruñada. “Son recién las 9 de la mañana, y la metafórica taza que debe rebalsar ya está medio vacía. Ni me acuerdo cómo se sentía ser una Diva ni el Fabupoder que activamos esta mañana”.

Al entrar a su oficina, vio que el director general y el nuevo gerente de ventas estaban esperándola. Sin darle tiempo a disculparse por llegar tarde, la siguieron a la oficina y el director cerró la puerta tras sí, lo cual inmediatamente preocupó a Paula.

“Paula, necesitamos tus conocimientos sobre los procesos de esta empresa, pero por sobre todo necesitamos de tu discreción”, comenzó el director. “No tengo que decirte lo importante que son nuestros clientes, sin clientes no tenemos razón de existir. Las facturas a nuestros clientes son documentos críticos, y no puede haber ningún fallo. Y sin embargo…”

“Sin embargo, mira”, interrumpió el nuevo gerente de ventas, dándole un papel, que Paula reconoció como una factura a uno de los clientes más importantes.

“1500 unidades a 100 USD cada una” comenzó Paula a leer el documento, “serían 150000 USD…”

“Y dice Total 135000, ¿lo ves?” interrumpió otra vez el nuevo gerente de ventas, furioso. “Semejante error es inaudito. Jaime, no puedo creer que permitas semejante falta de profesionalidad”, dijo dirigiéndose al director.

Paula a duras penas contuvo una mueca de asombro. Cómo podía atreverse este muchacho nuevo a tutear al director, Paula y todos los demás empleados siempre habían tratado a Jaime de Usted.

“Paula, este es el favor que venimos a pedirte”, continuó el director, “¿podrías ayudarnos a descubrir la causa de este error,? Y además necesitamos saber cuantás más facturas podrían haberse visto afectadas. Por el momento nadie está al tanto del tema, y preferiríamos mantener la confidencialidad, para evitar un escándalo. Por favor no lo comentes con nadie. Cuanto antes tengas una respuesta, nos avisas, gracias”.

Y partieron, dejando a Paula atónita.

“No les importa que yo ya tengo obligaciones diarias, pretenden que deje todo de lado para atender su problema. Mantener la confidencialidad significa que no puedo delegar ni pedir ayuda. Encima esperan que les averigüe la causa, la magnitud de los daños, y cómo solucionarlo, lo antes posible. Lulú… ¿dónde estás? ¡esto sí que requiere de magia!”, pensó Paula, pero Lulú no dio señales de aparecer.

Paula se pasó toda la mañana buscando viejos manuales de procedimiento para comprender en detalle cómo se procesaban en el sistema las órdenes de venta y las facturas. Quien esa manera osaba asomarse a su oficina, la veía tan atareada y con cara de pocos amigos, que decidía dejarla en paz.

A eso de las 11 de la mañana se le ocurrió una teoría: siendo el gerente de ventas nuevo, y aparentemente bastante arrogante y con actitud de sabérselas todas, Paula sospechaba que había pedido a su equipo que procesaran las órdenes de venta de una manera diferente de lo usual, y eso había causado el error. Para probarlo, necesitaba hacer unas pruebas, y para eso tuvo que pedir un acceso especial al sistema de test.

Recién obtuvo su acceso justo a la hora de comer, y en vez de dedicarse un merecido descanso, comer sana y apetitosamente, y dar una caminata reparadora, Paula hizo exactamente lo opuesto a lo prometido por la mañana: ignorando totalmente el Fabupoder de la Diva, fue directamente a hacer las pruebas y estaba tan cerca de demostrar su teoría, que prefirió seguir trabajando, obsesionada, hasta demostrar que tenía razón y que el nuevo gerente era un imbécil.

En medio de su empecinamiento le pareció escuchar la voz de Lulú susurrando “¿Prefieres tener razón, o prefieres llenar tu taza energética?”. Pero Paula no pudo resistirse, y siguió adelante, a pesar de sentir cómo su imaginaria taza se iba vaciando más y más.

Solamente se permitió comprar un sandwich de mala muerte en el kiosco de la esquina cuando pudo confirmar su teoría, y masticando frente al ordenador, Paula observó cómo entrando una línea por 1500 unidades a 100 USD cada una, y luego una línea por 1500 unidades a -10 USD cada una, el total daba135000 USD.

¡Paula estaba furiosa! “Este arrogante seguramente ni se detuvo a pensar que las cosas en esta empresa se hacen de una determinada manera” pensó. “Aquí los descuentos se dan con un ajuste de precio, tendría que haber puesto 1500 unidades a (100 -10) USD cada una. ¡Y no en una línea separada con precio negativo! Los precios negativos sólo se pueden poner en las notas de crédito, una línea en negativo no se imprime en la factura, pero se considera en el cálculo del total. ¡Y yo perdiendo todo el día por culpa de éste imbécil!”

Pero el día de Paula todavía no había terminado. Quería a toda costa sacarse el problema de encima para poder continuar con su propio trabajo, y a eso de las 3 de la tarde ya estaba obsesionada. Cualquier interrupción la molestaba, su único objetivo era terminar con la “misión imposible”, como se le había dado por llamarla, antes de la hora de salida. Consumida por el tema, ya no reconocía qué era urgente, ni qué era importante.

Le tomó un par de horas más encontrar la solución. Luego de seguir buscando en los manuales y documentación de procedimientos, y de un serio esfuerzo de prueba y error, lo consiguió: sería suficiente cambiar un parámetro de selección de datos en la reimpresión de la factura, permitiendo que se mostraran líneas negativas, y la reimpresión se vería correcta: una línea por 1500 unidades a 100 USD cada una, seguida de una línea por 1500 unidades a -10 USD cada una, y el total de 135000 USD:

“No se merece ese imbécil que la solución sea tan simple. Y encima lo va a recibir todo resuelto, ¡para que vea qué calidad de empleados hay esta empresa! Pero lo hago por Jaime, y no por el estúpido este”, pensó Paula enojadísima, y se dispuso a encontrar a continuación cuáles facturas habían sido impresas con el error.

Como debido a la confidencialidad no podía pedir ayuda para que le sacaran consultas de base de datos, Paula tuvo que usar sus propias pantallas y reportes, y el proceso le resultó no solamente tedioso, sino sumamente lento.

Llena de frustración se dio cuenta de que a menos que saliera justo en ese momento, llegaría tarde a buscar a sus hijos al colegio. Salió furiosa, maldiciendo el tráfico hasta llegar a la casa con los niños.

Paula no aguantaba su ansiedad hasta poder dar por terminado el incidente, habiendo obtenido la lista final de todas las facturas de ventas afectadas por el error. A toda velocidad, y todavía ensimismada en sus pensamientos, compró una pizza en la esquina y la instaló entre sus hijos y el televisor.

“Esta noche mamá tiene que trabajar en casa, y papá tiene que trabajar fuera de casa”, les anunció llena de culpa, y, conectándose remotamente al sistema de la empesa, se sumergió nuevamente en los limitados reportes y pantallas de consulta que tenía a disposición.

Cuando finalmente pudo satisfecha enviar el email con no solamente la lista de facturas afectadas, sino los archivos PDF con la reimpresión de cada una, Paula respiró aliviada. “¿Qué harían en esa empresa sin mí?”, se preguntó con orgullo.

Su sensación de orgullo se esfumó al ver a sus hijos dormidos frente al televisor todavía encendido. Desbordada por la culpa acompañó a los adormilados niños a lavarse los dientes y ponerse el pijama, y se desplomó como era habitual ella misma frente al televisor con una tableta de chocolate de las que compraba en cantidad en el supermercado.

“¿Cómo puede haber sido ayer un día tan bueno, y hoy un día tan malo?”, se preguntó Paula. “¿Dóne estará Lulú?”

Y enseguida de haberlo pensado, una nubecita de minúsculas estrellas azul cobalto se materializó en la sala.

“Mi querídisima Paula, sabía que este momento llegaría, pero no pensé que tan pronto”, comenzó el hada lo que Paula esperaba sería una buena reprimenda. “No sabía que Pachorra tenía tanto poder sobre ti”.

“¿Pachorra? ¿Quién es Pachorra?”, preguntó Paula confundida.

“Así como las hadas somos seres de amor, luz y alta vibración y nuestra misión es que los seres humanos crezcan y se desarrollen, hay seres de oscuridad y baja vibración que quieren que los seres humanos se queden como están. Pachorra es una bruja de ese tipo, su presencia es muy sutil pero cuando te quieres dar cuenta te tiene atrapada. Y en tu caso, he notado que caes con demasiada facilidad entre sus garras. Te ha mantenido en la pura inercia todo el día.”

“Pero no entiendo, Lulú”, protestó Paula molesta, “¿de qué inercia me hablas? De acuerdo, ahora me encuentras descansando frente a la tele pero hoy he trabajado durísimo todo el día”

“Yo no dije que hayas estado ociosa, Paula querida”, explicó Lulú, “pero no sé si calificar como ´trabajo´ tus actividades de hoy. El verdadero trabajo es el que te acerca a la vida de tus sueños, y esta gran demostración de ego que has dado hoy, probando desde el orgullo que tú puedes resolver todos los problemas mejor que nadie, ¿te ha acercado a la vida de tus sueños? No lo creo, cariño.

Y cuando hablo de Pachorra y cómo mantiene a las mujeres en la inercia, no me refiero al ocio. Inercia es la propiedad que tienen los cuerpos de permanecer en su estado de reposo relativo o movimiento relativo. Es la resistencia a modificar el estado en el que te encuentras. En medio de tu obsesión no paraste al mediodía para descansar y alimentarte bien. No paraste para estar con tus hijos y cenar en familia, No has tenido el coraje para tomar la decisión de decirte que sigues más tarde, que sigues mañana.

Esa inercia es tan negativa como la que te mantiene frente a la televisión comiendo chocolate. Sabes que no te hace bien, pero no puedes romper las cadenas invisibles que te atrapan. Es el ´efecto Pachorra´, y solamente cuando actives tus tres Fabupoderes podrás liberarte.”

Paula se sentía avergonzada por haber sido tan débil, y a la vez confundida porque su intención no había sido tan negativa a la hora de involucrarse tanto con el trabajo, y de descansar frente a la tele.

“Lulú, no me queda claro por qué ha sido tan terrible lo que hice. Esta mañana he activado el Fabupoder de la Diva, y ¿no es de Diva apasionarse por el trabajo y darlo todo como hice hoy? ¿No es de Diva tomarse un descanso y comer algo rico frente a la tele?”

“Paulita querida”, respondió el hada, “la respuesta es simplemente como lo dice la Biblia: ´Por Sus Frutos Los Conocerás´. ¿Cómo te has sentido después de tu apasionante trabajo de hoy? ¿Llena de amor y energía de luz expansiva?”

“Honestamente, Lulú, me sentí culpable, agotada, hecha mierda. Nada expansiva como un globo de gas que vuela, sino todo lo contrario, más bien como un globo pinchado y pisoteado”, contestó Paula apesadumbrada.

“¿Y cómo te sentirás después de este doble atracón de chocolate y de televisión?”, preguntó Lulú.

“Comprendo. El Fabupoder de Diva me repone la energía y me deja sintiéndome mejor que antes. ¡Pero Pachorra me deja sintiendo peor que antes! Por sus frutos lo conoceré, creo que ya lo voy entendiendo”, asintió Paula con un bostezo.

“Me alegra que lo hayas comprendido. La bruja Pachorra se alimenta de pesadez, falta de energía, falta de entusiasmo. Su vibración energética es baja”, explicó Lulú. “La tele y Internet son sus armas preferidas. No sabes la cantidad de trampas pierde-tiempo y atrapa-mentes que tiene desparramadas en Facebook, Youtube y Netflix. Tienes que mantenerte alejada, Paulita, te lo digo por tu bien.

Hay dos tipos de cansancio: el cansancio satisfecho, y el cansancio frustrado. El cansancio frustrado es el que has sentido hoy por ejemplo, después de haber pasado un día de obligaciones sin parar un minuto, sin haber hecho nada para ti, nada que te guste ni nada que te acerque a la vida de tus sueños.

En cambio el cansancio satisfecho es por ejemplo el cansancio que sientes después de correr una maratón o después de hacer el amor. Te sientes tan bien, tan naturalmente agotada, que buscas un descanso reparador.

Es en tus momentos de cansancio frustrado cuando estás particularmente vulnerable a Pachorra – y te dejas llevar por lo que sabes que te hace mal, porque no hiciste nada para ti, entonces caes en falsas indulgencias como la tele y la comida chatarra, que encima luego te dejan más vacía, más frustrada, y sintiéndote peor que antes.

Hoy ha sido un día muy largo e intenso, Paula. Deja ya el chocolate, apaga el televisor, y vete a dormir. Mañana será otro día, y te prometo que será mucho mejor que el de hoy”, aseguró el hada Lulú.

Y luego de desmaquillarse, cepillarse los dientes, y ponerse el camisón, Paula cayó rendida en la cama. Su último pensamiento antes de quedarse dormida no fue para el trabajo sino para sus hijos, y se prometió prestarles más atención y estar más presente en sus vidas.

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