Capítulo 3: Okapi

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Paula regresó enojada. “Muy buena tu broma, Lulú… muy divertida… Sí, el billete tenía premio, muchas gracias, ¡gané 50 dólares!”

Lulú la esperaba sentada en el living tomando té de jazmín, y le ofreció una taza a Paula entre risas.

“¿No querías dinero? ¡Ahí tienes dinero! Es que nada las conforma. Antes un cofre de alhajas como dote les alcanzaba para toda la vida. Ahora cuánto más tienen, más quieren tener. Primero dicen que un millón las hará feliz, después le empiezan a agarrar el gustito y se lo gastan en un santiamén”.

“¡Pero yo con un millón me arreglaría! ¡Te lo prometo! ¿Me das un millón, Lulú por favor?”

“La última que me prometió que con un millón se arreglaba, después quería comprarse su propio jet, y me pidió veinte millones. Lo siento, Paulita, son las nuevas reglas del Hada Jefa: no damos dinero. Te concedemos los fabupoderes para que puedas crear la vida de tus sueños, y ese es el trato.”

“¿Pero qué quieres decir exactamente con ´la vida de mis sueños´?”

“No hay nada exacto ni matemático en la vida de tus sueños, pero para darte una idea de lo que quiero decir: imagina que te vas a dormir, y te despiertas en una vida paralela. Es tu más fabulosa vida posible, de acuerdo a tus deseos actuales. Dónde vives, con quién, cómo te ganas la vida, cómo se ve y se siente tu cuerpo, cómo son tus días. Descríbelo de la forma más detallada posible, y podremos empezar la magia, adelante”.

“Ah, pero así tan de golpe, no te lo sabría decir, tendría que ponerme a pensar…”

“Paula, no debería ser tan difícil. Hay mujeres que están enfermas y la vida de sus sueños sería sanar y sobrevivir. Otras mujeres no tienen techo ni comida para sus hijos, muy rápidamente me responderían cuál es la vida de sus sueños. Mientras que tú, que lo tienes todo, tanto que no puedes describir lo que te hace falta, ¡vas pensando que el tag #mierdavida te aplica! Si no puedes describir la vida de tus sueños, quiere decir que nada deseas y la vida de tus sueños es la que tienes ahora. Entonces mi trabajo aquí está terminado”.

“No, no, no, no, un momento Lulú… Lo que sucede es que a veces me siento desbordada, no me alcanza el tiempo para nada, siento que necesito multiplicarme para llegar a todo. ¿Cómo se hace para estar a la vez en la reunión anual con el presidente de la empresa, y en el acto escolar de tu hija? Es terrible escoger, siempre sales perdiendo. Sí, por supuesto que aprecio que tengo salud, que mi familia está bien, que estamos juntos, que no nos falta nada, pero cuando tu hijo vomita camino al cole y tienes que volver a cambiarlo y llegar tarde a todos lados, dímelo tú, Lulú, ¿no es una verdadera mierda?” – sollozó Paula.

“¿Entonces, la que tienes ahora no es la vida de tus sueños?”

“Correcto, la vida de mis sueños no es la que tengo ahora”

“Pero tampoco sabes describirme cómo es la vida de tus sueños. Paula, a ver cómo te explico lo difícil que me lo estás poniendo. ¿Tú sabes lo que es un okapi?”

“Me suena pero… no, no se me ocurre ahora qué es”

“Pues no es un pez, ya está. ¡Anda, dibújame un okapi!”

“Pero Lulu, me has dicho lo que no es, que no es un pez, pero puede ser cualquier cosa: un pájaro, un automóvil, un secador de pelo… Si no sé lo que es, ¿cómo lo puedo dibujar?”

“Y así estoy Paula. Te pido que me describas la vida de tus sueños, y me dices cómo no es, pero no cómo es. Así las hadas no podemos trabajar, cariño. Tienes que ser capaz de describirla, cuánto más detalladamente, mejor.”

“Es que describir toda una vida, así de un momento para otro, me hace sentir abrumada”

“Bueno, vayamos de a poco. ¿Cómo es el domingo por la mañana de tus sueños? ¿Cómo son los miércoles entre las 21:00 y las 22:00 en la vida de tus sueños?”, continuó Lulú.

Paula se quedó muda.

“¿Cómo es la almohada de tus sueños? ¿El desayuno de tus sueños? ¿El cepillo de dientes de tus sueños? Vamos Paula, algún deseo tendrás”.

“Tendría que prepararme, así de un momento para otro no puedo responderte, lo siento, Lulú”

“Describe el sábado por la tarde de los sueños de tu hijo.”

“Un parque con juegos en forma de dinosaurios, todos sus compañeros de la clase disfrazados de piratas, helados en cono, trampolines elásticos, dos payasos y un mago” recitó Paula.

“¿Y de tu hija”

“Un mini spa con sus tres mejores amigas, vestirse de princesas para una sesión de fotos, cupcakes de mora y que todo sea de color lila. ¡No lo puedo creer, Lulú! ¡Conozco los deseos de ellos pero no los míos!”

“Es más común de lo que te imaginas. Por eso el trabajo de las hadas está en crisis. Muchas mujeres están desconectadas de sus propios deseos y de sus sueños. Ponen los deseos de los demás por delante, se pasan el día atendiendo las necesidades de los demás. Les han enseñado que enfocarse en sus propios deseos y necesidades es egoísta, y está mal visto.

Y están llenas de miedos, Paula: miedo de desear algo, que no se cumpla, y desilusionarse. Miedo de desear algo, que sí se cumpla, y ser juzgadas o envidiadas. Miedo de querer algo y perderse otras oportunidades – como si elegir el ‘cepillo de dientes de tus sueños’ significara que será tu único cepillo de dientes y nunca podrás tener otro, eso es pensar desde la escasez.

Tenemos mucho trabajo por hacer, Paula. Empezando por enseñarte a no tomarte todo tan en serio, a que te des tiempo y permiso para conocer tus deseos y tus sueños. Si no sabes ahora cómo es la vida de tus sueños, entonces no tienes una dirección hacia donde apuntar. La vida de tus sueños es como la estrella del Norte que te indica el camino, y te guía en cada paso. ¿Sin una dirección clara, dónde crees que vas a estar por ejemplo dentro de dos años?”

“Supongo que… igual que donde estoy hoy, con mis hijos dos años mayores”, suspiró Paula.

“¿Recuerdas, Paula, cuando tenías hitos que alcanzar? Terminar la universidad, casarte, ser madre… ¿cuál es tu próximo hito? Si quieres ganar la lotería para no trabajar, es porque te desagrada tu trabajo, ¿estás planeando cambiarlo?”

“A veces lo pienso, pero ya hace diez años que estoy en esta empresa, me conocen bien, yo los conozco a ellos, en un nuevo trabajo tendría que aprender cosas nuevas y probar mi valor y eso toma tiempo y horas extra. No lo sé, Lulú, supongo que mi próximo hito será retirarme en este mismo trabajo.”

“¡Pero si te faltan como 30 años para eso! ¿Tendrás sueños por cumplir una vez retirada? ¿O tu próximo hito será morirte? Paula, la vida es demasiado valiosa para dejarla escurrir entre los dedos, viviendo año tras año sin tener un sueño que marque tu dirección como tu estrella del Norte, que te proporcione nuevos hitos para ir alcanzando en el camino”, dijo Lulú.

“Tienes razón, Lulú, tengo que descubrir qué es lo que quiero, pero nada de lo que veo alrededor, en la vida de mis amigas o mis hermanas, me interesa demasiado”.

“Otro gran problema que encuentro en las mujeres de hoy en día, es que les falta imaginación. Crees que hay una única ocupación para ti: la profesión que estudiaste. Que hay una única forma de trabajar: en una empresa. Que hay una dieta que es la mejor. Una religión a seguir. Una actividad física a elegir. Es como si tuvieran que escoger de un menú con unas pocas opciones. Y a veces bastante aburridas.

Paula, cuando te des el tiempo y sobre todo el permiso para descubrir y describir la vida de tus sueños, deberás usar la imaginación. No tienes un menú de opciones limitadas, tienes los infinitos ingredientes del universo para diseñar a tu gusto la vida de tus sueños. Tu vida puede ser como un okapi.”

“¿Mi vida puede ser como un okapi?” preguntó Paula extrañada.

“No alcanza con saber que no es un pez para dibujar un okapi, ¿verdad?” preguntó Lulú. “Te lo voy a describir entonces: un okapi es un animal que vive en Africa. No hay muchos ejemplares en el mundo, es muy especial. Como tú, Paula, que eres única y tienes habilidades y talentos sólo tuyos. El okapi parece un collage de muchos animales: patas de cebra, cuerpo de caballo, cabeza de jirafa. Cuando te des la libertad de usar tu imaginación para escoger y describir la vida de tus sueños, quiero que recuerdes que puede ser como el okapi: distinta de todo lo que conoces hasta ahora.”

“¿Quieres decir que no tengo que elegir una vida como la de mis hermanas o amigas, que o trabajan en una oficina, o se ocupan de su hogar?” preguntó Paula. “¿Quieres decir que puedo inventar mi trabajo ideal, y que sea por ejemplo de medio tiempo?”

“Correcto, Paula. Se trata de la vida de tus sueños, y puedes diseñarla con total libertad y creatividad.”

“Eso suena demasiado bueno para ser cierto” replicó Paula incrédula. “Pero lo cierto es que la vida sin tener nuevos sueños por cumplir se me está haciendo bastante aburrida y rutinaria, aunque hasta ahora no me había dado cuenta.”

“Me parece que sí te habías dado cuenta, Paula. Por eso tu descontento y sensación de agobio. Lo que pasa es que no te has atrevido a admitir que necesitas un cambio. Aunque todavía no sepas hacia dónde dirigirte, porque todavía no sabes lo que quieres, es importante reconocer que no todo es perfecto en tu pequeño paraíso y que ha llegado el momento de seguir creciendo.”, explicó Lulú con una cálida sonrisa.

“Es cierto” admitió Paula. “Pero tengo miedo. Me asusta pensar que a mis obligaciones diarias tendré que agregar ahora ‘descubrir y perseguir la vida de mis sueños’. Sobre todo considerando lo de la libertad para diseñarla a mi propia medida. Parece muy complicado, necesitaré re-conectarme después de tanto tiempo con mis verdaderos deseos. Eso suena a un montón de trabajo introspectivo, y no sé cuándo encontraré el tiempo para hacerlo. Pero me estás entusiasmando. Y me intrigan los fabupoderes, ¿cuándo me los vas a conceder? ”

“Tiempo al tiempo, Paula. Primero lo que tengo ganas de hacer desde que abriste la puerta: ¡cambio de look!”

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